Funcionarios públicos y sueldos congelados


 En 1956, Dolores Medio escribió “Funcionario público”, novela desgarrada donde se narran las penurias de Pablo Marín, funcionario atado a un sueldo mísero que malvivía en un cuartucho junto a su mujer.

Tras las décadas siguientes de desarrollo, la figura del empleado público casi indigente, trasunto del cesante de novelón galdosiano, fue poco a poco hundiéndose en el olvido.

Pero en los últimos días, la cloaca política y mediática neoliberal ha babeado de placer ante los ecos de una posible congelación salarial a los funcionarios. Sin embargo, nada sería más injusto que pasar la factura de la crisis a este colectivo. Así, en los momentos de hervor económico y ladrillazo, un encofrador podía duplicar el sueldo de un Técnico Superior de la Administración, y para conseguir que un albañil viniera a casa había, poco menos, que apuntarse en una lista de espera y cruzar los dedos.

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El Candidato Invisible


Manuel R. Ortega Girón
16 de mayo de 2010

Ya han finalizado las Elecciones 2010 a Claustro y a Rector, bajo la atenta vigilancia de los tres desdichados y discapacitados monitos omnipresentes desde las alturas de la torreta del Aulario hasta por los suelos. Ahora, que ya estamos todos mas sosegados, es el momento de hacer la exégesis de las mismas.

Primero fueron las elecciones a Claustro, que por la escasez de candidaturas (Sector A, una reducción del 35% respecto a las anteriores) ya anunciaban el estado de ánimo de la UCO ante estos comicios. No he apreciado que esta circunstancia haya preocupado al saliente/reentrante equipo de gobierno. Por el contrario, cuando el ambiente era más que propicio para unir, “profundizando en el diálogo, en el debate y en las políticas de consenso”, más que para dividir, una vez más, torpe e irracionalmente, se prefirió el acaparamiento, o la exclusión, según se mire, en clara disonancia con los lemas oficiales de participación crítica (solo en espíritu, por supuesto). La tentación de excluir parece inmanente a esta UCO, aunque para ello haya que hacer invisibles a una treintena de profesores.

Llegado a este punto, tengo que agradecer a quienes me votaron para el Claustro la confianza, amistad o deferencia que tuvieron conmigo. Esos votos, que realmente no los esperaba en esa cuantía, sé que tienen mucho más valor que los resultantes de listas premarcadas, porque mis votantes, mis amigos, han tenido que buscar mi casilla para marcarla. Son votos que fueron emitidos con el corazón y yo lo agradezco del mismo modo, de todo corazón. Gracias por hacerme visible, por devolverme mi corporeidad.

En las Elecciones a Rector también se ha hecho visible un Candidato Invisible, un candidato no corpóreo velado en las papeletas de votación. Hubiera sido fácil entender, e incluso justificar, una mayor abstención que en los anteriores comicios: a fin de cuentas el resultado ya estaba cantado. El quizás inesperado, por excesivo, voto a favor de ese Candidato Invisible (voto blanco, voto nulo), bien debiera hacer reflexionar al candidato electo: no es oro todo lo que reluce y algo huele a podrido en Dinamarca. Seguro que José Manuel ya ha reparado en ello y ha tomado buena nota. Mejor así. Esta empresa no es nuestra, sino de la sociedad; aunque es nuestra responsabilidad, la de “todos y todas” los que en ella trabajamos, llevarla a buen puerto, pero alguién tiene que marcar el rumbo. Y esa es tu tarea, José Manuel; te deseo suerte y acierto en el empeño.

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