La crisis económica y el futuro de la Universiad Pública Española.


Diego Llanes Ruiz.

Recientemente ha visto la luz un libro colectivo Construir el futuro de la universidad pública” Editorial Icaria, donde hay un capítulo en el que analizo las estructuras universitarias en función de las actividades que deben realizar las universidades. Cuando escribí el capítulo, la crisis económica estaba aun en su primera fase.

Durante 2010 la crisis generada por el capitalismo financiero especulativo ha entrado en una segunda fase donde las inversiones públicas, que se emplearon y emplean para salvar a las entidades financieras y que en el pasado permitieron salir del “crack del 29”, son ahora presentadas por los mercados como las causas del problema. Los mercados es el nombre que hoy adopta el capital financiero especulativo y que tiene entre sus portavoces al FMI, Comisión Europea, BCE, BdE, OCDE, Agencias de ratings, etc. Para salir de la crisis, en esta segunda fase, los gobiernos son obligados a realizar recortes en los gastos públicos.

Las medidas que está tomando el actual gobierno, cumplen las directrices del FMI y la Comisión Europea y están suponiendo un recorte drástico en la inversión pública. Entre ellas están: la bajada de sueldos de funcionarios y de otros trabajadores; la congelación de las pensiones; la reforma laboral encaminada a facilitar el despido y favorecer la bajada de salarios; la eliminación de inversiones productivas socialmente, etc. Estas medidas se toman además a sabiendas de que los ciudadanos que las sufrirán no han sido los causantes de la crisis.

El hundimiento del modelo económico que hemos tenido en los últimos años y las vías para mantenerlo a flote tendrán una repercusión importante sobre las universidades públicas.

Con la entrada en esta segunda fase de la crisis declaraciones como las del 27 de Abril del Consejo de Universidades, donde se insiste en  “la Universidad como institución clave del cambio de modelo productivo…” y en  “la mejora de la financiación como un instrumento……, al objeto de que puedan convertirse en motores de transformación social….”,  pueden haber quedado anticuadas en sólo un mes. Ahora podremos comprobar si los bancos y sus fundaciones, que tanto apoyaban “la economía del conocimiento” cuando las inversiones públicas parecían no tener fin, sustituyen a la inversión del gobierno en el desarrollo de una universidad pública al servicio del avance del conocimiento científico y motor de la transformación social.

Los dirigentes universitarios en general, no parecen haber comprendido todavía  las consecuencias que sobre las universidades tendrá el recorte de las inversiones públicas. El Secretario General de Universidades M. Rubiralta en una reciente entrevista estima que el recorte reducirá la inversión al 30% de lo previsto, recorte que ya vienen sufriendo universidades de algunas comunidades autónomas, como las madrileñas. Aunque el recorte más llamativo, por su novedad, ha sido la reducción de sueldos y complementos de los trabajadores universitarios. Todavía, sin embargo, es normal que se siga hablando en las universidades de proyectos faraónicos, como si la crisis y el recorte no fuera con nosotros o como si tuviéramos capacidad de autofinanciarlos.

Se continúa aumentando el número de cargos académicos, como si no fueran ya muchos; en la Universidad de Córdoba existen 248 cargos (1 de cada 3 profesores doctores funcionarios tiene un cargo). Se solicitan más fondos para nuevos diseños virtuales de Campus de Excelencia Internacional o !!Internacional  regional¡¡. Se habla de continuar sin ninguna reflexión con la implantación de un enorme número de nuevos grados y másteres según Bolonia. Tan implicados han estado, la gran mayoría de los dirigentes universitarios y sus agencias, en el modelo de desarrollo económico vigente, cuando los fondos públicos detraídos por el gobierno del ladrillo y la especulación no parecían tener fin, que no parecen percatarse de que el tiempo que permitía todas esas actuaciones ha terminado y que, además, no volverá.

Nuestros gestores mejor harían en prepararse, y prepararnos a todos, para enfrentar con el menor daño posible la larga época de austeridad que se aproxima y que hará que la implantación de Bolonia se haga con una reducción dramática de las inversiones; queda lejos el coste cero. En unos años asistiremos a las consecuencias negativas que, sobre la formación universitaria del país, tendrá esta irresponsable aventura, llamada Bolonia, que puede llevarse por delante el prestigio de nuestra universidad al tener que realizarse con una reducción de las inversiones. Nadie había previsto que algo similar podría suceder y por tanto tendremos todos, pero los gestores primero, que echar mano de la imaginación para enfrentarnos a los nuevos problemas que se avecinan. Bien haríamos en no aceptar la situación e incrementar las protestas que ya se están iniciando. http://universidadfrentealacrisis.blogspot.com/.

En la situación actual no se trataría tanto de protestar y hacer huelgas por la disminución del sueldo, que también, sino de ir generando una alternativa política que pueda ofrecer una salida a la crisis que implique la desaparición de la influencia del capital financiero improductivo tanto en las universidades como en el resto de la sociedad. Esta alternativa, será difícil de plasmar en estos momentos por la atomización de los grupos políticos y ONGs que puedan defenderla y por el hecho de que una buena parte de la sociedad se vio favorecida por el modelo económico del ladrillo y la especulación. Esta alternativa, debe plantearse, en primer lugar, como un movimiento de carácter europeo con el objetivo básico de devolver a los ciudadanos, a través de sus gobiernos elegidos democráticamente, el control de la actividad económica, arrebatándosela al mercado controlado hoy por el capital financiero improductivo.

De todos nosotros, quienes hoy trabajamos o estudiamos en la universidad,  depende el que pongamos las bases para que la universidad pueda ocupar un lugar importante en un nuevo modelo económico. Ello no tiene nada que ver con las luchas corporativas internas que sólo muestran esa parte de la universidad que sigue recluida en su torre de privilegios, sin afrontar desde sus aulas y laboratorios los graves problemas que atraviesa nuestra sociedad. Se trata de un reto difícil y que deberemos transmitir adecuadamente a los jóvenes, sus principales beneficiarios, para que haciéndolo suyo lo lleven a buen puerto.

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