LA BURBUJA UNIVERSITARIA.


Me ha llegado este artículo y quiero compartirlo con vosotros.

El autor es Profesor Titular de Derecho administrativoen la Universidad de Valencia.

 

La burbuja universitaria
Publicado el 20 de September de 2011.
Andrés Boix Palop.

La vuelta al cole es dura para todos siempre. Pero este año es un poquito más deprimente de lo habitual, dado que cuatro o cinco años después, y tras un verano agitadito, todo el mundo se ha dado cuenta de la enorme crisis que se nos ha venido encima, proporcional a la ingente burbuja en que durante muchos años hemos vivido instalados. Administraciones públicas, medios de comunicación, empresarios e incluso el ciudadano medio español que pinta en nuestra sociedad (el que tiene entre 45 y 75 años, trabajo fijo o pensión generosa y que ha cortado el bacalao desde la Transición) se han dado cuenta de que, en efecto, algo se ha hecho profundamente mal. Todos estamos ya convencidos. ¿Todos? ¿De verdad? No, existen todavía unos irreductibles que resisten aún y siempre al pesimismo y a todas las evidencias que apuntan a la necesidad de hacérnoslo mirar. Estamos hablando, claramente, de quienes formamos parte del sistema universitario español.

 

Como saben quienes leen este blog no soy muy entusiasta de la reforma de Bolonia, que resumidamente me parece un ejemplo más de esfuerzos inútiles cuando no contraproducentes. Que el argumento de sus defensores sea que “la cosa tampoco va a cambiar tanto” es la mejor prueba de ello. Poner todo patas arriba y tener al profesorado dedicado a reunirse para chorradas durante años con el resultado de que todo sea más o menos igual da buena idea de que la reforma no tiene sentido. Pero es también prueba de que tenemos una burbuja universitaria de proporciones ingentes. Si nos podemos permitir que desde hace años (y esto tiene visos de continuar durante muchos más) la mayor parte del profesorado dedique unas 20 horas a la semana a reuniones de coordinación, a tareas burocráticas, a rellenar informes sobre lo que hacen y demás mandangas la conclusión sólo puede ser una: tenemos mucho más personal y recursos de los necesarios, dado que podemos desviarlos, en proporción tan importante, a hacer chorradas. El problema es que estos desperdicios en un país rico pueden sostenerse en el tiempo. En un país como el nuestro, en la época ye-ye, pasaban inadvertidos, pasaban inadvertidos. No porque fuéramos ricos, pero sí tontamente irresponsables. Pero la realidad se impone y llegará el día en que se tendrán que acabar, sí o sí, estas chorradas en un país como el nuestro abocado inevitablemente a asumir, guste o no, que los viajes a Cancún cada año son cosa de un pasado loco y que no volverá. E igual que los viajes a Cancún los profesores universitarios pagados por perder el tiempo debieran empezar a despertar sospechas.

No hace mucho, a finales del curso pasado, describía el día a día de un profe universitario cualquiera (mi caso) y cuán deprimente podía llegar a ser. No voy  a repetirme contando mis dos últimas semanas, pero se resumen en una media de dos reuniones al día de “coordinación” y de reelaboración de planes de estudio diversos. En ambos casos, la causa última de esta pérdida de tiempo es Bolonia. Un proceso de Bolonia que  ha generado una burbuja universitaria brutal y que lleva a nuestras Universidades a la muerte por colapso. Alguien, algún día, tendrá que detener esta locura. Pero esta vuelta al cole, de momento, me ha  permitido vislumbrar que el futuro próximo no pasa, todavía, por ahí. No se vislumbran de momento recortes. Las grúas que construyen más y más edificios siguen en mi Universidad. La implacable aplicación de planes de estudio nuevos y de reformas de los ya existentes también. Repasemos, pues, rápidamente, las sub-burbujas en que se divide la burbuja de la Universidad española tras la digestión de Bolonia:

– Burbuja de titulaciones. El proceso de Bolonia, en medio del descontrol generado y la dejación de cualquier responsabilidad por las autoridades,  ha supuesto la relajación de los controles para montar Universidades privadas y ofrecer titulaciones tanto por éstas como por las Universidades públicas. Se tiene que pasar un proceso de acreditación de vergüenza ajena, como demuestra que una Universidad como la Católica de Valencia haya logrado acreditar carreras como Medicina sin contar con doctores para enseñar ni con un hospital para hacer prácticas o que lograra la implantación de Derecho sin disponer de apenas profesores en la materia. Aquí compras un piso céntrico, le  pones una tarima y diez pupitres y lo que antes era una “academia de repaso” puede ser una Universidad si tienes la paciencia de rellenar los papeles. Dada la inexistencia de controles esto ha generado una barra libre con la que las Universidades privadas, compitiendo en los nichos de mercado, precio y otras “facilidades” que  les interesan, se están poniendo las botas y donde las Universidades públicas han corrido a aprobar grados al grito de tonto el último. Tenemos grados de todo lo imaginable. Y habitualmente duplicados o triplicados en menos de 100 kilómetros a la redonda. Como está mal hablar de otros, me limitaré a consignar que mi centro ya no sólo da el grado en Derecho (como otras 4 Universidades públicas situadas a menos de 200 kilómetros y una buena media docena de privadas y centros CCC o equivalentes que lo hacen en Universidades privadas en la propia ciudad) sino que ofertamos Criminología, Ciencias Políticas, títulos combinando estos estudios y Derecho, licenciaturas dobles con ADE…, y todo ello a la vez que el antiguo Trabajo Social se ha  desdoblado en cuatro o cinco titulaciones diferentes (hasta el punto de que no son ya solo una Facultad independiente sino que tienen su propio edificio desde hace unos meses).

– Burbuja de grupos. No sólo es que tengamos muchos grados y títulos. Es que, además, tenemos muchos alumnos y muchos grupos. Al menos oficialmente. Es la ventaja de no expulsar a nadie por muchas convocatorias que haya superado. El otro día un colega me comentaba que en su grupo tenía gente que se había matriculado por decimosegundo año consecutivo. Son casos extremos pero como no se penaliza repetir pues cada vez hay más. De manera que las matrículas están infladísimas. Con las licenciaturas teníamos unos 10 grupos por asignatura de 120 matriculados oficiales (que luego eran,como mucho, 50 reales). Pues Bolonia, que como es sabido requiere de una mayor dedicación al alumno y clases más cercanas y prácticas, ha obligado a reducir a 50 alumnos por grupo la ratio (no quiero ni imaginar de cuántos alumnos reales estamos hablando), multiplicándose así los grupos. Creo que este año hay entre 15 y 20 por cada asignatura. Una salvajada. Creciente. Porque cada año que pasa hay más títulos de Bolonia, más cursos que aplican el nuevo plan y más necesidades de grupos, grupos y más grupos… con cada vez menos alumnos por grupo. Peculiarmente, mientras en el Grado los grupos pueden ser de una o dos decenas de estudiantes, en los Másters oficiales, tras años de caos y varios cambios de normativa, ahora ha aparecido una directriz que recomienda grupos de 40 estudiantes. Peculiar Universidad esta donde tienen oficialmente los mismos alumnos los grupos de Derecho Admnistrativo básico y los de Topología matemática de nivel de máster, por poner un ejemplo.

– Burbuja de profesores y coordinadores. Lógicamente, toda esta cantidad de titulaciones CEAC y CCC, con muchos grupos para que haya sólo 10 ó 12 alumnos por grupo requiere de mucho profesorado. De manera que llevamos unos años ampliando plantilla.  En mi departamento, por ejemplo, y por medio de un procedimiento muy limpio y escrupuloso, hemos seleccionadoa partir de nuestra real gana a más de 10 nuevos profesores para dar clase. La Universitat, además, recientemente ha avalado el criterio seguido, explicando públicamente que para seleccionar a un profe que tiene que dar clase de Derecho administrativo la comisión que selecciona es libre de puntuar en mayor medida la experiencia ejerciendo en Derecho civil o penal que como funcionario especializado de grupo A dado que eso forma parte del “libre ámbito de decisión para seleccionar personal”. En fin, nada nuevo bajo el sol, como comentábamos no hace mucho cuando hablábamos de la corrupción de baja intensidad en este país. Lo espectacular, al margen de la franqueza con la que la Universidad dice que lo que tienen que hacer los departamentos es elegir a quien les dé la gana, al margen de cualquier relación de sus méritos con las tareas a desempeñar, es esto de que no hagamos más que contratar a gente, y más gente y más gente (que mayoritariamente lo sean con contratos de mierda y para hacer labores que los funcionarios titulares no quieren hacer, sin el más mínimo futuro profesional, es otro tema, que dice bien a las claras cómo es este país y que también explica las razones por las que a las Universidades les da igual a quién se contrate y les parece muy bien que se empleen estos puestos para para favores inconfesables de todo tipo) para dar alimento a la burbuja. En lugar de contratar a pocos, muy buenos, y con un proceso de selección muy afinado, aquí seguimos con las prácticas burbujistas puras y duras: que entren muchos, siempre y cuando sean los que yo quiera, pero con contratos basura.

No sólo tenemos cada vez más profesores, claro. Toda esta ingente maquinaria requiere para su óptimo funcionamiento de muchos coordinadores. Mi Facultad, como hay crisis, ha puesto en marcha un sistema (retribuido por una de estas tres vías: o quitándote horas de clase, o pagándote o contándote como mérito curricular para futuras acreditaciones y ascensos, cuando no en algunas ocasiones por las tres a la vez) delirante de coordinación y meta-coordinación. Capitaneados por el coordinador en jefe, tenemos coordinadores de grupo, de curso, de asignatura y coordinadores que coordinan a los coordinadores de curso, grupo y asignatura que coinciden en el espacio-tiempo. Todos ellos se dedican a convocar reuniones para definir programas, cronogramas, actividades, horas, preguntas de examen y todo tipo de chorradas. Lo más triste de todo es que los carguitos en cuestión, por estar retribuidos, son de lo más jugosos. La gente se pelea por coparlos. Y luego, algunos, se sienten obligados a hacer cosas. Lo cual es casi peor. De estas dinámicas de coordinación salen cosas como que a mí, por ejemplo, me prohibieran hacer leer dos libros durante el curso a mis alumnos. “La coordinación” no lo aprobaba porque descuadraba el tiempo dedicado a mi asignatura y cosas de esas.

– Burbuja de cargos y carguitos. En un entorno como el descrito, los profesores que cada vez mandan más y cortan el bacalao son los que se mueven bien en esto de los cargos, acumulación de méritos burocráticos, de cobro de complementos y de ascensos por estas vías. Todos ellos tienen una prioridad en cuanto pillan el cargo: reducirse sus horas de docencia. Lo cual viene bien a todo el mundo, porque hay que contratar, en consecuencia, a nuevos profesores de los mal pagados para dar las clases. El resultado es de lo más divertido globalmente: los profesores, por lo general, ya no damos casi clases. Estamos en reuniones, en Másters, con reducciones de docencia, coordinando… y dando algunas de las horas lectivas. Pero luego, a la hora de la verdad, el grueso de las clases lo dan los asociados contratados por 3 horas a partir de estas vías tan españolas arriba descritas. El modelo está coordinadísimo y logra que los profesores, poco a poco, deambulemos hacia cargos y a no dar clase. ¡El viejo sueño de la sociedad sin clases, tan caro a los PNNs de los setenta, logrado gracias a la acumulación de cargos!

– Burbuja de financiación para cosas absurdas.  Los profesores universitarios somos también unos profesionales de trincar pasta, dinero público, para cualquier cosa. Por supuesto, viajamos siempre a congresos y demás a gastos pagados (el Ministerio paga proyectos de investigación para financiar estas cosas) y nos invitamos a saraos constantemente, financiados con dinero público mayormente, con generosidad. Lo más divertido de todo es que estamos hiperespecializados en sablazos a cual más impresentable. Los ejemplos son múltiples pero a mí me gusta particularmente que mi Universidad se ha especializado recientemente en sacar pasta a la Generalitat para hacer cosas en inglés que luego, a la hora de la verdad, se hacen en castellano. Ventajas del bilingüismo y de estar muy habituados a trabajar con él gracias a nuestra lengua vernácula, pues tenemos desde hace años a decenas de profes que cobran incentivos o ganan puntos curriculares por dar clases en valenciano cuando en la práctica las dan en castellano. Todo ese know-how está pasando de manera muy eficiente al tema del inglés, con la Generalitat pagando tan contenta y los periódicos locales saludando la buena nueva.

Y otro día hablaremos de los pantagruélicos aperitivos de Navidad y su disparatadísimo coste. Esta Universitat mía hacía históricamente uno en el edificio de Rectorado al que sólo iba la flor y nata de la burocracia universitaria de la casa. Pero mi Facultad, líder en saraos pagados por todos, se rebeló contra esta práctica y montó el primer aperitivo de centro de la casa en pro de la igualdad. No sólo los gerifaltes tenían derecho a comer gambas y beber cava a cuenta del contribuyente, sino cualquier profesor de a pie. La iniciativa, un éxito de los indignados avant la lettre que ocupaban decanatos y vicedecanatos, fue copiada rápidamente por el resto de Facultades. Y luego se ha logrado mejorarla y la excelencia. Ahora, como tenemos muchos coordinadores, las Facultades también han aprendido a coordinarse en los días de celebración. Por ejemplo, si en mi Campus hay 3 Centros y montamos todos la picadeta el mismo día la cosa es un desperdicio. Pues uno la hace el 21, otro el 22, otro el 23 y cada uno de ellos contando con la asistencia de los profes de todo el campus y así la gente está mucho más contenta. El año pasado, con eso de las vacas flacas, se intentó medio poner coto al tema y se adoptaron medidas drásticas de ahorro. Según me han informado se impidió que los aperitivos costaran más de un milloncejo de las antiguas pesetas por centro. La austeridad, como se ve, ante todo.

En fin, que tarde o temprano esto explotará. Porque habrá quien nos diga, y con razón, que para dar enseñanza a nivel de las academias CCC, pues que mejor se lo encargamos a los expertos del sector. Y como en Valencia ya tenemos una Universidad, que es la Católica, especializada en el tema (sus médicos de la primera promoción acaban el año que viene, 3 años después de ser acreditada la carrera por la ANECA, ¿puede pedirse más eficacia que eso?), ya se va viendo que la sociedad, tarde o temprano, nos mandará con razón a freir espárragos  y, entre títulos sin ningún nivel caros y absurdos y títulos sin ningún nivel, algo más baratos socialmente y con bendición apostólica de regalo, pues elegirá sensatamente.

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Una respuesta

  1. Me encantaría saber la manera de averiguar cuánto dinero se gasta nuestra universidad en esos eventos. Ya vuelvo a la UCO y la primera en la frente: ¿cómo es posible que tengamos que hacer prácticas en mataderos a los que hay que ir en coche privado o combinando bus + media hora (a lo poco) de camino porque no hay dinero para transporte?

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