Otra crítica negativa más: Carta abierta a la ANECA por su parcialidad y falta de transparencia


Herminio R. Padilla Alba
Profesor de Derecho Penal y
Magistrado suplente

Causa bastante sonrojo, para quien en su vida no necesita palmaditas en la espalda ni felicitaciones de ningún tipo por un trabajo bien realizado durante casi veinte años, tener que mostrar públicamente, a modo de justificación, los méritos realizados. Pero la inicial vergüenza que siento cede ante la obligación moral de tener que dar a conocer, de un modo público, la enorme parcialidad y opacidad con la que actúa la ANECA (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación).

Sobre la ANECA se ha escrito mucho, y no precisamente en sentido positivo. Ha sido objeto de muchísimas críticas negativas, algunas incluso en torno burlesco, por profesores de las más variadas disciplinas de nuestras Universidades. No soy, por tanto, ni el primero en reprobarla, ni tampoco seré el último. Cuando la ANECA surgió en 2002, en cumplimiento de lo que establecía la LOU (Ley Orgánica 6/2001, de 21 de diciembre), pensé que, por fin y dadas las cosas que había visto en mi corta carrera profesional en la Universidad, el sistema de acceso a la profesión de profesor universitario terminaría con la endogamia, el nepotismo y el caciquismo.

Hasta entonces, y circunscribiéndolo a lo que conozco –que supongo que resulta extrapolable a otras titulaciones–, para ser profesor titular el único requisito exigible era haber obtenido el doctorado. Siendo Doctor en Derecho, por tanto, podías examinarte ante un tribunal compuesto por cinco miembros. La endogamia venía porque, de los cinco miembros, dos los ponía la propia Universidad que convocaba la plaza, mientras que los otros tres eran por sorteo a nivel nacional, con lo que el candidato de casa tenía más opciones que el de fuera ya que le bastaba sacar el tercer voto de algún miembro de otra Universidad de los de su cuerda –en las disciplinas hay escuelas que pugnan por ir colocando a los suyos–. El que a veces –pocas, la verdad– sucediera lo contrario no implicaba que el candidato de otra Universidad fuera, científicamente hablando –si es que a lo nuestro, quitándole las ínfulas y grandezas que le otorgan la inmensa mayoría de los juristas profesores de Universidad, se le puede llamar Ciencia–, objetivamente mejor. Lo único que había sucedido es que la diosa Fortuna había inclinado la balanza a su favor haciendo recaer en sus ejercicios de oposición, nada difíciles por otra parte (proyecto docente y trabajo de investigación realizado ex profeso para la misma), los votos favorables de los tres miembros de fuera. A todo esto únase el que el sistema favoreciera, en lo que es un empleo público, el nepotismo (mujeres, hijos, hermanos, sobrinos, yernos… de catedráticos) y el caciquismo de maestros sobre discípulos, vasallaje de por vida que además trascendía de lo profesional a lo personal.

Con la ANECA, como digo, honestamente creí que se iba a terminar con todo esto. Y es que ahora, antes de examinarte de profesor titular, tienes que pasar por varias figuras contractuales, algunas de las cuales (profesor ayudante doctor y profesor contratado doctor) necesitan de una evaluación positiva por parte de la mencionada agencia e incluso una oposición igual a la de profesor titular (profesor contratado doctor). Es por ello que la intención de la reforma con la introducción de la ANECA me parecía, en principio, buena frente al sistema anterior, pero los diez años de tiempo transcurrido han puesto de manifiesto la falta de imparcialidad de la agencia en no pocas ocasiones, que puede evaluar los méritos de quienes optan a ser acreditados según los intereses profesionales y personales de algunos de los miembros de las comisiones de acreditación del momento y de sus expertos. Y es que en un mismo período de tiempo, y para la misma o similar disciplina, pueden evaluar positivamente para profesores titulares a auténticos negados pero bien apadrinados –si no se han movido los hilos antes, basta una llamada telefónica para cambiar una pre-evaluación negativa en evaluación positiva–, mientras que dejan fuera, evaluándolos negativamente, a personas cuyos currículum vitae y expedientes académicos sacarían los colores de aquéllos. Y ello estos miembros de las comisiones y sus expertos lo hacen sabedores de la absoluta impunidad con la que actúan al ampararse en la discrecionalidad técnica, pues saben que ésta no es atacable ante los tribunales. Ejercen, además, con una absoluta falta de transparencia pues sólo se muestra la puntuación genérica por apartados (cuatro: actividad investigadora, actividad docente, formación académica y experiencia en gestión) y no desglosada por los méritos que aporta el solicitante en cada uno de dichos apartados (si realmente la puntuación de los méritos aportados fuese justa, sin ampararse en inventados índices de calidad, no costaría nada adjuntarla como anexo a la evaluación).

Los miembros de estas comisiones, catedráticos con varios sexenios de investigación, son asesorados además por dos expertos con conocimientos en la materia de la que pretende ser profesor titular el solicitante, cuya identificación, a pesar de haberse previsto un procedimiento de recusación (será casualidad, pero las recusaciones son siempre por razones de enemistad que no de amistad –tampoco hay abstenciones por tal motivo–), se oculta de forma perversa al evaluado, a quien, en aras de cumplir con la legalidad, se le facilita la lista pública de los doscientos expertos (“averígüeselas usted para saber quiénes dos, de esos doscientos, han emitido sendos informes sobre su currículum vítae”).

En mi caso, como el lector habrá bien supuesto, la tercera evaluación de la ANECA, en este caso para la figura de profesor titular de universidad, ha sido negativa. Mi currículum vítae lo he hecho público, no sin cierta vergüenza, para fundamentar lo aquí escrito. Con el anterior sistema hubiera sido profesor titular, Dios mediante, con la tesis leída y poco más (su publicación, aunque no era requisito necesario, junto a la de algún que otro artículo). Ahora, y a pesar de mi expediente académico en la licenciatura y en los cursos de Doctorado, de haber obtenido en la tesis doctoral no sólo el sobresaliente cum laude por unanimidad –se lo dan a todos– sino también el Premio Extraordinario de Doctorado (habría que ver quiénes de los miembros de la Comisión de Acreditación y de los expertos que asesoran lo tienen), de haber publicado varios libros (entre ellos manuales de la disciplina) y más de una veintena de artículos, de haber dado clase de diversas asignaturas en mi centro y fuera del mismo en instituciones de prestigio durante estos veinte años, de haber impartido multitud de conferencias y seminarios…, de haber hecho en definitiva más de lo que supondría en cualquier otra oposición el acceso a un empleo público, para la ANECA no merezco acreditarme para examinarme de titular: 51 puntos sobre un total de 100 son los que he alcanzado, siendo necesarios para la acreditación a profesor titular un mínimo de 65.

En mi escrito de reclamación ante el Consejo de Universidades, que ha sido igualmente desestimado, lo único que solicitaba, en aras de mi derecho de defensa, era transparencia en el baremo con el desglose de la puntuación de los distintos méritos (se supone que se ha tenido que realizar para baremar), y la identificación de los dos expertos, pues el informe de uno contiene lo que en un primer momento, dada mi buena fe, consideré que eran errores pero que, desestimadas también mis alegaciones a la previa evaluación negativa, han resultado ser claras intenciones. También les manifesté a los miembros de la Comisión de Acreditación la paradoja que supone, al estar desde hace tres años de Magistrado suplente en la Audiencia Provincial de Córdoba, el haber puesto sentencias en las que, basándome en mis conocimientos jurídicos (los que ellos ahora dicen que no son suficientes para ser profesor titular), he privado de libertad a las personas acusadas. Y es que parece que sirvo para aplicar el Derecho Penal pero no para enseñarlo.

Y para finalizar esta Carta abierta a la ANECA, por si a sus miembros les quedara todavía alguna duda: con el actual sistema la Universidad española se empobrecerá pues sólo se quedarán los mediocres, favoreciendo además con ello la continuación del nepotismo, la endogamia y el caciquismo. Hablo de lo que conozco. Cuando me viene un alumno o alumna con un excelente expediente académico solicitándome que le oriente sobre su futuro profesional, le ofrezco las dos alternativas para que elija: o haga usted una oposición de las llamadas buenas (Notario, Registrador, Juez, Fiscal, Abogado del Estado, Inspector de Hacienda, de Trabajo, etc., etc.), en cuya preparación tardará tres o cuatro años pero con la seguridad de que le van a respetar los principios constitucionales de igualdad, mérito y capacidad a la hora de acceder a ella, o intente llegar a ser profesor titular de Universidad (de la cátedra mejor ni hablar) que, con suerte y si no se queda antes por el camino por un ERE de su empleador o la evaluación negativa de la ANECA , lo conseguirá tras veinte años de esfuerzo titánico: cuatro años de Becario de Investigación, cinco años de Ayudante, cinco años de Profesor ayudante doctor y un mínimo –mientras se sigue haciendo currículum– de otros cinco años de Profesor contratado doctor. Ya pueden imaginarse su elección.

 

 

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6 comentarios

  1. Ser profesor es como ser barrendero: quien puede, se coloca.

    Poco importa si los alumnos aprenden, como poco importa si las calles están limpias. Es la lluvia la que arrastra la suciedad acumulada en las aceras, como los años de bonanza económica los que camuflan el desconocimiento de nuestros egresados.

    Si se busca que impartan clase los mejores, no puede elevarse a la categoría de funcionario un trabajo del de depende la vida de nuestros jóvenes.

    El sistema de elección de profesorado de las mejores universidades del mundo está inventado y es por todos conocido.

    Todo lo demás, sobra.

  2. Paciencia y resignación. Eso es lo único que nos queda a los que realmente valemos para la universidad pero no tenemos padrino. Pensaba que este nepotismo rancio era exclusivo del mundo de la Filología, pero se ve que no…
    Como bien dices, la universidad pública española va camino de la mediocridad absoluta y, a no ser que alguien legisle para impedirlo, seguirá siendo la casa de Tócame Roque.
    Mucho ánimo.

  3. Bienvenido al club. A mí también me ha desacreditado la ANECA, pese a tener 5 libros (4 de ellos con doble proceso de revisión), capítulos de libro, 7 artículos, 9 ponencias en congresos, más de 500 horas de docencia universitaria, material docente y 10 años de evaluaciones de alumnos por encima del 9.
    La ANECA me ha recomendado: varios JCR de elevado cuartil (sic), una larga estancia en el extranjero (sic), un proyecto competitivo nacional y varias ponencias en congresos extranjeros.
    Aunque pueda parecerlo, no pedía la acreditación a catedrático… ¡La pedía para ayudante doctor!
    Ahora estoy en el paro…

  4. Desde la confección de los libros blancos de esta Agencia, ya empecé a ver cosas, pero lo que más me llamó la atención fue la ocultación o omisión sobre determinadas enseñanzas oficiales y titulaciones artísticas de las cuales emanaban los habilitados y ejercientes de profesiones reguladas legisladas…por curiosidad ya que empezaba a estudiar una segunda carrera, al leer más detenidamente sobre determinadas carreras relacionadas con el diseño, la arquitectura…mi sorpresa fue que los informes de esta agencia ocultaban esta información o apenas la tenian en cuenta . Partiendo de ahí, carecería Aneca de criterios lógicos para valorar o acreditar una titulación universitaria determinada, faltando el análisis de si es coincidente con otros campos o profesiones. Pues según la Directiva Europea 2005/36 las titulaciones que pertenezcan a profesiones reguladas tienen un tratamiento especial, sobre todo si se hace referencia a las competencias y cualificaciones profesionales.

  5. Es lamentable, el caciquismo y “señorío” deja nefastos profesionales, algo lamentable en el ámbito de la educación, un pilar básico para la sociedad. Debo reconocer que no conocía el procedimiento de acceso, se une al ya cumulo de irregularidades del sector público.

  6. Leo esta carta 2 años después de su fecha. Esta semana presentaré la Reclamación al Consejo de Universidades. Me presente en 2011 a TU-Ciencias y me dieron 57 puntos, con exceso de horas docentes y falta de artículos, y en 2015 me han dado en principio 1 punto menos, con más horas de docencia y más artículos, y escribo en principio, porque luego en alegaciones me lo han vuelto a dar. Total ahora tengo 58, uno más por Gestión. Suscribo tus palabras con enorme alegría de ver que todavía hay gente en la universidad de valía profesional.

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