ENCUESTAS Y CALIDAD DOCENTE


ENCUESTAS Y CALIDAD DOCENTE.

Herminio R. Padilla

Doctor en Derecho y profesor de la Universidad de Córdoba

Publicado también en ABC de Córdoba, el 24 de enero de 2015

En Andalucía la Universidad de Córdoba (UCO), como publicó este periódico a principios de diciembre del año pasado, fue pionera (curso 1995/96) en pasar encuestas al alumnado para evaluar a sus docentes. Si la preocupación de quienes ahora nos representan es, como parece, que saliera a la luz un dato real sobre la peor valoración, que en modo alguno implica un suspenso para los profesores de Administración y Dirección de Empresas (ADE) por cuanto el promedio que sacan de 3,63 es sobre un techo de 5 (sobre 10 equivaldría a un 7,26), mal encaminados estamos por cuanto las encuestas a los alumnos no dejan de ser eso, unos simples cuestionarios con 21 ítems que hoy por hoy no miden –en contra de lo que algunos dicen o piensan– indicio de calidad alguno y que, además, siguen arrastrando los déficits o carencias detectados cuando se inició el nuevo modelo de enseñanza basado en créditos ECTS (Sistema Europeo de Transferencia de Créditos).

Ya en 2007, el entonces vicerrector de Planificación y Calidad decía en este periódico que el sistema de encuestas que se realizaba entre los alumnos debería ser mejorado y modificado. Hoy, siete años después, las preguntas que se les hacen a los alumnos siguen siendo las mismas, muchas de ellas inútiles y sin que se haya puesto remedio al grave problema de las encuestas, esto es, a la baja o nula participación de los alumnos al rellenarlas (en mi caso la encuesta se ha pasado la última semana de clase, cuando la inmensa mayoría de ellos están ya enclaustrados preparando los exámenes), lo que claramente provoca que sus resultados sean engañosos. Añádase a ello el que, por mucho Plan Bolonia que se aplique, en titulaciones como Derecho y ADE, con grupos de más de cien alumnos, se juega en otra liga frente a titulaciones en las que puede haber por grupo treinta o incluso menos alumnos.

Quien es profesor de Universidad no debería nunca olvidar que su trabajo se lo debe justamente a los alumnos. Recuérdese, como nos dice Julien Théry, que las universidades nacieron cuando maestros y estudiantes –magistri y scolares– decidieron organizarse en asociaciones profesionales («universitas», que designaba la totalidad o el conjunto de los miembros de un grupo) para defender sus intereses ante las autoridades de las ciudades, y que en un principio los ingresos de los profesores procedían de sus alumnos, sobre todo de los que pagaban al hacer los exámenes. Por eso unas encuestas con preguntas bien formuladas son importantes para el profesor, pues le permiten corregir aquello que no gusta a quienes reciben sus enseñanzas.

La calidad y prestigio de una Universidad con sus docentes, sin embargo, no pasa por encuestar a los alumnos sino por cambiar el nefasto sistema de acceso a esta profesión, que en más casos de los deseables hace precisamente que no lleguen los mejores, y también en no pervertir la figura del profesor asociado, buscando y conservando, cuando no mimando y pese a las dificultades económicas que en un momento determinado puedan existir, a aquellos buenos profesionales que realmente con su sapiencia y experiencia laboral pueden aportar bastante a la Universidad. Los alumnos seguro además que lo agradecerán.

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CARGOS UNIVERSITARIOS EN LA UNIVERSIDAD DE CORDOBA


Cargos universitarios.

Diego Llanes Ruiz

El denunciar públicamente que la Universidad de Córdoba  vive en una torre de marfil, cuando la sociedad que la rodea está inmersa en una profunda crisis, y que hay datos que muestran formas irresponsables de gestionar los fondos públicos, es necesario, aunque pueda resultar penoso para el que hace la denuncia.

Baste el dato de la cuantía de los fondos públicos que la universidad dedica para gratificar a sus cargos para entender de qué tipo de irresponsabilidad en la gestión hablamos.

Si en 2011 los gastos en remuneraciones de 272 cargos era de más de 1 millón de euros (1.040.097); en 2012 los ahora 275 cargos, recibirán más de 1,2 millones (1,209.779, un incremento de casi el 20%.

Si analizamos esta distribución encontramos que 19 profesores cobran gratificaciones de vicerrectores y reciben por ello más de 9.000 euros/año y que 34 profesores cobran gratificaciones como decanos o directores, aunque los centros sean solo 11, y reciben  por ello más de 7.000 euros al año. Los 222 profesores restantes se reparten gratificaciones que oscilan entre los 5.000 y los 2.000 euros al año. Para situar estas cantidades en su contexto salarial de 2012 es interesante conocer que hay decenas de profesores sustitutos interinos con seis horas de clase a la semana que tienen “sueldos-gratificaciones”  de 8.333 euros brutos al año.

Los 275 cargos salen básicamente de un colectivo formado por unos 750 profesores funcionarios, lo que indicaría que más del 35% de estos reciben gratificaciones. La primera consecuencia de esta situación es que cualquier proceso electoral o votación en la UCO está controlado por los que deciden quién merece la gratificación o quién debe tener el apoyo para conseguir un cargo que necesite votación.

Los gestores, léase equipo de gobierno, de nuestra universidad, tienen por costumbre ignorar las denuncias y hacer creer a la sociedad que vivimos en el mejor de los mundos, con la falsa idea de que los trapos sucios de una institución pública, deben lavarse puertas a dentro. Por ello se ignora el nepotismo que impregna a la institución, se ignora que Bolonia y los planes de jubilación han creado una nueva “clase pobre” de profesorado, los sustitutos interinos a tiempo parcial, con sueldos entre 300 y 600 euros mensuales.

Esta forma de gestión se mantiene y perpetúa al saberse apoyados por una buena parte del profesorado y lo más importante, por gestionar una institución pública clave para la mejora de la sociedad, y a la que no ha dejado de llegar los fondos públicos. La propaganda se encargará de resaltar el constante esfuerzo que se hace, para conectarnos a la sociedad, para aumentar nuestra excelencia y para engrandecer los resultados obtenidos por la economía del conocimiento, de la que es considerada portadora natural. En tanto, la sociedad cordobesa, receptora pasiva de esa propaganda, se sumerge día tras día en una profunda crisis económica. La desconexión entre la economía del conocimiento universitaria y la economía real, en la que vive la sociedad, es un problema que los gestores universitarios y políticos prefieren ignorar, y que no puede resolverse a base de propaganda por muy excelente que esta sea.

La mayoría de los gestores actuales son los mismos que comparaban las ventajas que traía Bolonia a la universidad, con las generadas por el euro a nuestra economía. Ahora, tres años después, tendrían dificultades para seguir usando este símil ¿pero quién se acuerda ya de eso? Bolonia y el euro han venido para quedarse y no importa si con ello estamos hundiendo a la universidad y a la economía. Siguen muchos de los que apostaban por fastuosos y desproporcionados proyectos ligados al “ladrillo” como Rabanales 21 y que ahora se ven obligados a gestionar una universidad en medio de una crisis económica. El problema es que ellos no saben gestionar la escasez, que les llevaría a tomar decisiones que irían en detrimento de su poder y por tanto están a la espera de las decisiones que tomen otros.

No puedo más que ser pesimista del futuro que espera a universidades gestionadas de esta forma. Para ser justo, hay que decir que no todas las universidades están gestionadas de igual forma. La Universidad Autónoma de Barcelona ha recortado a la mitad las gratificaciones de sus cargos y la Universidad Pablo Olavide ha sido noticia debido a que el claustro ha rechazado el informe de gestión anual del equipo rectoral. Estas noticias son imposibles en la Universidad de Córdoba, donde los órganos de gobierno han sido elegidos cuidadosamente y, jamás tendrán la tentación de manifestarse contra aquellos que les garantizan las gratificaciones. Andalucía necesita de una universidad con gestores que respondan de su gestión de los fondos recibidos y no de una universidad gestionada por grupos de universitarios sin ninguna responsabilidad social, modelo que se repite con más frecuencia de lo deseado a lo largo y ancho de nuestra geografía.

INTERVENCIÓN DEL MINISTRO DE EDUCACIÓN EN EL PARLAMENTO EL DIA 31 DE ENERO.


Intervención muy interesante, en la primera parte, por los datos que aporta.

Es llamativo leer que los problemas que ha traido Bolonia a las universidades, a lo que llama “adaptación compleja”, son debidos a la falta de eficiencia de nuestra universidad y a que se trata de implantar un modelo extraño a nosotros, modelo anglosajón.

En la segunda parte podemos ver como vuelven los comités de sabios, ahora Consejo de Expertos de Alto Nivel, que nos volverán a hablar de más excelencia, más competitividad, más privatización y más gobernanza. C

Ninguna referencia a los recortes económicos que sufren las universidades lo que genera problemas que dificilmente serán entendidos por los Consejos de sabios. 

Como tímida novedad aparece “fomentar” la especialización de las universidades.

Esperemos que más pronto que tarde nuestro país pueda poner en marcha un nuevo modelo de Universidad pública que sirva para el conjunto de la sociedad.

Diego

Intervención.

Señorías, aún a riesgo de extenderme más de lo aconsejable, creo importante tratar con cierto detenimiento la política universitaria. En este punto nos encontramos una situación muy similar a la que antes señalaba en relación a la educación no universitaria.

Esto es, ha habido importantes avances cuantitativos. Hemos pasado de los escasos 200.000 universitarios que había al inicio de nuestra democracia a contar con 1.650.000 alumnos en las facultades de nuestro país. La tasa neta de escolarización universitaria entre 18 y 24 años sigue aumentando: casi 3 puntos en 2 cursos hasta alcanzar el 26,4% del curso 2010-2011. Estamos ya por encima del objetivo de población universitaria que marca la Estrategia Europa 2020 de la Unión Europea.

El crecimiento del número de universidades y campus también ha sido exponencial, y no siempre bien justificado. Contamos este curso con 79 universidades (50 públicas y 29 privadas) y 236 campus universitarios ubicados en municipios diferentes.

En cuanto a las enseñanzas ofertadas, en el año 2011 se encuentran verificados 2.413 grados universitarios, 2.758 másteres oficiales y 1.680 doctorados.

El gasto público en Instituciones de Educación Superior respecto al PIB en España se sitúa en los niveles de la OCDE (1,2%) y el gasto por estudiante respecto al PIB per cápita en el 40%, frente al 41% de la OCDE. El gasto público en becas y ayudas al estudio se ha incrementado significativamente en los últimos años; en el curso 2010-2011 se han destinado 1.118,7 millones de euros a becas y ayudas para realizar estudios superiores.

La ratio alumnos/profesor de las universidades españolas (11.6) está por debajo de la media de la UE-19 (15.8) y de la OCDE (16.2).

No obstante, de nuevo el panorama desde el punto de vista de los resultados es bien distinto:

  • No hay ninguna universidad española entre las 150 mejores del mundo.
  • Tenemos un 30% de abandono universitario frente al 16% de la media europea. Lo que supone una pérdida de 2.960 M€ invertidos en capital humano sin retorno.
  • El 42% de las carreras universitarias tuvieron menos de 50 alumnos nuevos en el curso 2008-2009.
  • Sólo 33 de cada 100 estudiantes universitarios españoles obtienen su título sin repetir curso. La media de la OCDE y de la UE es de 38%.
  • La internacionalización de nuestras universidades es insuficiente – sólo un 4.6% de estudiantes extranjeros y una proporción aun más exigua de profesores extranjeros.
  • Sólo el 7% de los universitarios españoles cambia de distrito universitario, frente al 68% de EEUU y el 52% de UK.
  • El 93,3% de aquellos que obtuvieron una plaza en un departamento universitario entre 1997 y 2001 ya trabajaban en ese mismo centro antes de que se les fuera concedida.

Como consecuencia, el sistema no resulta muy eficiente ni en la capacitación de los titulados superiores ni en favorecer su empleabilidad. Dos muestras apenas de ello:

  • Los universitarios de 25 a 29 años sin trabajo representan ya el 20.8% de los parados en ese rango de edad.
  • Sólo el 15% de los doctores españoles trabaja en empresas privadas. En Europa, el 40%.

A la luz de estos datos resulta evidente que el sistema universitario español también necesita de un gran impulso reformista en pos de la mejora de sus resultados. Ahora más que nunca, dada la grave crisis económica que padecemos, debemos trabajar para que la Universidad retorne a la sociedad la gran cantidad de recursos que se ha destinado a la misma.

Hay que reconocer que la adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior ha sido especialmente compleja por distintas razones. La primera, porque el modelo de universidad en el que se inspira Bolonia, que es el anglosajón, tiene poco que ver con nuestra tradición académica. En segundo lugar, porque el sistema universitario español arrastra desde hace años una notable falta de eficiencia que ha hecho más penoso aún el proceso.

Por todo ello, dicha reforma debe orbitar sobre tres puntos esenciales: búsqueda de la excelencia, competitividad e iternacionalización.

Me propongo constituir a la mayor brevedad un Consejo de Expertos de Alto Nivel para abordar estos temas. Estará formado por expertos universitarios de muy diversos campos, y deberá facilitar –en un marco temporal breve, de cinco o seis meses- un diagnóstico y recomendaciones de reforma del sistema bajo la triple orientación arriba señalada.

En este proceso de reflexión vamos a trabajar, como no podía ser de otro modo, con dos órganos esenciales del Sistema Universitario Español: el Consejo de Universidades y la Conferencia General de Política Universitaria. Por supuesto también lo haremos con el Consejo de Estudiantes Universitarios del Estado.

Nuestra intención es que ese Consejo de Expertos esté operativo en marzo, que realice un diagnóstico de la situación y proponga líneas de actuación, siguiendo como ejemplo los sistemas de gobernanza y las reglas de juego de las Universidades de prestigio internacional, que pasan por:

  • Implementar sistemas de evaluaciones externas que valoren la actividad docente e investigadora. E incentivar con complementos y dotaciones las evaluaciones positivas.
  • Promover la investigación de calidad en nuestras Universidades, para que sean generadoras de conocimiento al más alto nivel, se prestigien internacionalmente y atraigan a los mejores estudiantes de todo el mundo.
  • Fomentar la especialización de las Universidades en diferentes áreas de conocimiento donde puedan ofrecer un producto único, optimizar la oferta de títulos, y promover sinergias entre las universidades (desarrollo de laboratorios y otras instalaciones comunes, oferta conjunta de títulos, etc).
  • Fomentar la inversión privada, que en España representa sólo el 0.7% de la financiación de las universidades y en la UE es el 1.2%. En este punto será de gran utilidad la Ley de Mecenazgo que prepara el Ministerio y que desarrollaré en mi comparecencia del jueves.
  • Búsqueda de fórmulas para superar el déficit de transferencia de conocimiento y tecnología al sector productivo, para que la Universidad sea una herramienta de fortalecimiento de nuestro tejido empresarial.
  • Potenciar la internacionalización y la participación creciente de las universidades en la sociedad del conocimiento globalizado.

EL GOBIERNO DE LAS UNIVERSIDADES PÚBLICAS EN TIEMPOS DE CRISIS. I y II.


Los dos artículos que siguen son una  reflexión sobre el gobierno de la universidad en estos  tiempos  y cuáles serían las medidas que a mi entender se deberían tomar para hacerla más eficaz socialmente. Espero que os interese y si es posible genere un debate.

Los artículos surgieron tras leer el informe de unos expertos y, en menor grado, un artículo del Prof. Valcárcel donde se emplea el término gobernanza.

Pueden consultarse en:

http://www.educacion.gob.es/dctm/ministerio/horizontales/prensa/documentos/2011/10/informe-finaleu2015?documentId=0901e72b80f610c2

http://www.diariocordoba.com/noticias/educacion/el-chocolate-del-loro-en-uco_671177.html

He enviado los artículos al Día de Córdoba, y según me han dicho lo publicaran uno de estos días, pero me adelanto y los cuelgo antes en este foro.

Un abrazo

Diego

EL GOBIERNO DE LAS UNIVERSIDADES PÚBLICAS EN TIEMPOS DE CRISIS. (I)

Se han incrementado las voces de élites universitarias que reclaman un cambio en el modelo de gobierno de las universidades públicas. Modelo que consideran ineficaz y, lo peor, asambleario. Estas élites proponen un nuevo modelo de “gobernanza”, como les gusta llamarlo. La “gobernanza” es el sinónimo de gobierno que se usa para reducir el autogobierno universitario e introducir criterios empresariales en la gestión, como la rentabilidad económica en la educación y el conocimiento.

 Los planes del modelo neoliberal de la economía, para las universidades públicas españolas, no son otros que hacerse con su control. La privatización de las universidades públicas no puede seguir el modelo utilizado con otras empresas públicas. Se trataría de hacerse con su gestión, sin costo alguno, implantando un modelo de gobierno, donde los rectores, cuenten con una completa autonomía para seguir el dictado de los mercados.

 La nueva “gobernanza” se presenta como la solución para una universidad pública, inmersa, sin lugar a duda, en una crisis, con un profesorado y alumnado desorientado e incapaz de ver más allá de las necesidades del día a día.

 La crisis de la universidad pública es una consecuencia más de las políticas que el sector financiero está imponiendo para pagar la supuesta deuda que tenemos con los mercados. La introducción del proceso de Bolonia, que ha sido pilotado por muchos de los que ahora reclaman un cambio de “gobernanza”, ha tenido el efecto de desestabilizar de forma consciente al sistema universitario público.

 Hemos de recordar que el gobierno de nuestras universidades recae en los Consejos de Gobierno que actúan de hecho como Consejos de Administración, con la particularidad de que no lo forman los mayores accionistas, cosa imposible en tanto las universidades sean de titularidad pública, sino miembros de la universidad, elegidos cada cuatro años.

 El carácter asambleario del que se culpa al gobierno universitario vendría dado por el Claustro, pero este no tiene capacidad de gestión, el Claustro en la universidad se reúne anualmente y el rector de turno presenta una memoria a la que se pueden hacer propuestas. En nuestra universidad, en la historia reciente jamás se sometió a votación propuesta alguna.

 En un país, y especialmente en una comunidad como la andaluza, con una clase política omnipresente y omnipotente, un empresariado habituado a las subvenciones y una sociedad civil débil es difícil que la gestión universitaria destaque por la eficacia, la transparencia y la asunción de responsabilidades.

 A pesar de ese marco social, el gobierno de las universidades públicas ha funcionado positivamente durante décadas y no ha sido hasta la introducción de nuevas funciones, relacionadas con el modelo económico neoliberal, primero por la LOU (2001) del PP y después, por la modificación del PSOE (2007), cuando se empieza a cuestionar el autogobierno universitario.

 Un paso hacia ese modelo, ha sido evitar las molestas asambleas, léase Claustros. En la universidad cordobesa no se han celebrado los claustros de 2006 y 2010 que recogían sus Estatutos y jamás tuvo lugar un claustro para tratar la aplicación de un proceso como el de Bolonia que tantos cambios de gestión implicaba.

 Otro paso dado en la dirección neoliberal es fomentar que grupos de profesores con sustanciosos  complementos económicos, actúen como si fueran propietarios de las diversas áreas de gestión de cada universidad.

 Así el capital financiero y las élites universitarias que piden un cambio en la “gobernanza” están encontrando un campo propicio para establecer su modelo neoliberal y apropiarse de las universidades públicas. Para ello se propone al gobierno la designación del rector de entre esas élites, autoproclamadas de excelencia y que pondrá a las universidades al servicio de los poderes económicos que lo hayan aupado al poder.

 Las necesidades que una sociedad como la andaluza, con una tasa de paro de más del 30%, tiene de una universidad pública eficaz van más allá del mero cambio de “gobernanza” que defienden, en su exclusivo provecho, las élites universitarias y el capital financiero. Los principales problemas que afectan a la universidad pública no han sido creados por la forma de gobierno, son responsabilidad de las autoridades nacionales y autonómicas; como la creación y mantenimiento de centros y títulos repetidos, la falta de transparencia en la selección del profesorado, los problemas de  financiación,…

 Quien quiera abordar seriamente la mejora de las relaciones de las universidades públicas con la sociedad que las sustenta debería tener en cuenta dos realidades. Primero, que estamos en una sociedad con un sector económico privado incapaz de absorber la cantidad de titulados que formamos. Los sectores empresariales, apoyados en la innovación y el conocimiento, sus destinatarios naturales son escasos. Y segundo, los recortes en la financiación pública, impuestos por el modelo neoliberal, producirán la disminución del empleo público para titulados, su principal fuente de empleo, lo que aumentará el paro o el subempleo de los mismos.

 Dejo para más adelante los cambios que a mi entender deberían acometerse en las universidades para dar respuesta a las necesidades de la sociedad andaluza.


 

EL GOBIERNO DE LAS UNIVERSIDADES PÚBLICAS EN TIEMPOS DE CRISIS. II

Las propuestas de cambios en la forma de gobierno de la universidad española, usualmente se hacen considerando que es posible tener una universidad de alto nivel, habitualmente referido más a la investigación que a la docencia, al margen del tipo de sociedad donde se integran.

 Los cambios que según mi criterio necesita el gobierno de la universidad pública se contienen en una idea básica. Hagamos que sea la sociedad en su conjunto, y no las élites universitarias, ni el mercado, léase capital financiero, la que determine el tipo de universidad que desea y qué profesionales y qué conocimientos necesita para aumentar su bienestar.

 Para cumplir con el objetivo de insertar la universidad en la sociedad, el gobierno de las universidades deberá asentarse en tres pilares. 1º La administración nacional y/o autonómica, que gestione la estructura del sistema universitario. 2º El autogobierno universitario que gestione el funcionamiento de la actividad docente y/o investigadora y 3º Un patronato de carácter local que gestione los aspectos financieros y de personal y sirva para acercar la universidad a la sociedad  donde se ubique.

 La administración sería la responsable de regular el número de centros, titulaciones, tasas, el modelo de selección del personal y los planes plurianuales de financiación. El autogobierno universitario, con su rector y demás cargos, elegidos entre sus miembros, se ocuparán de la organización docente e investigadora con la más absoluta autonomía, integrándose en este autogobierno tanto el profesorado como el alumnado y el resto de trabajadores. El patronato local estaría formado por personas nombradas por la administración de entre los diferentes sectores de la sociedad y no solo del empresarial. Este patronato entenderá de la estructura y retribuciones de las plantillas, así como de la gestión económica, que incluirá todos aquellos fondos públicos o privados conseguidos por y para la universidad.

 Este modelo organizativo responsabiliza a la administración de mantener o reducir el número de universidades y titulaciones. En caso de reducción del número de universidades se debería mantener un campus universitario en cada provincia, pero siempre buscando  la racionalización de las inversiones públicas.

 El autogobierno universitario permitirá una gestión independiente de las actividades y estructuras docentes e investigadoras, eliminando la autogestión en cuestiones relativas a las condiciones de trabajo. Pudiendo cogestionar junto con el patronato aquellos fondos que los miembros de los diferentes colectivos consigan por su actividad docente e investigadora.

 El patronato local, se convertirá en el verdadero motor de cada universidad o campus. Será el responsable último de que la universidad o el campus sea una herramienta eficaz para el entorno social, incluso si es posible para entornos más alejados. En él ocuparía un lugar destacado el sector empresarial que aporte experiencias en actividades innovadoras. Al ser responsable de la organización de las plantillas y de la gestión del presupuesto, este patronato deberá contar con una organización capaz de llevar a cabo sus funciones de forma eficaz, y deberán responder de su gestión ante las autoridades.

 Este modelo, que mantiene el autogobierno universitario, pretende implicar a la sociedad en la gestión de su universidad, evitando que la gestión de la actividad docente e investigadora caiga en manos de expertos, bien nombrados por los cargos políticos o por las élites universitarias.

 Nuestro país en los últimos diez años ha incrementado las inversiones públicas en universidades. Esto se ha visto reflejado especialmente en un aumento de la oferta de titulaciones, y en el crecimiento del número de publicaciones científicas, “papers”, de los que son autores nuestros profesores.  Es hora de que la universidad y la ciencia que se realiza en ella, conozca y aporte soluciones a los problemas que tiene la sociedad y no solo nuevos títulos y “papeles”. Y que esta sociedad, a su vez, descubra cómo puede conseguir una universidad más eficaz para aumentar su bienestar, abandonando el sueño de una universidad de excelencia al servicio del desarrollismo económico propuesto por los mercados.

 No creo necesaria una nueva ley de universidades, dos leyes en 10 años no han hecho sino empeorar la situación. Necesitamos pocas normas pero que se cumplan. Como ejemplo tenemos el problema de la endogamia universitaria. Para su disminución bastaría un gobierno que estuviera dispuesto a aplicar en las universidades una ley de 1992, aún vigente, sobre el Régimen jurídico de las Administraciones públicas, que en su artículo 28 regula las causas para abstenerse de formar parte de tribunales, o para ser recusado si se forma parte ellos, entre otras estaría el tener “interés personal” en el asunto o una “relación de servicio” con persona interesada directamente en el asunto.  ¿Hay más relación o interés que ser director de la tesis del opositor, coautor de trabajos con el opositor o convivir en el mismo departamento con el opositor? La aplicación de esta ley anularía más del 95% de los actuales tribunales, y ello sin tocar la vigente ley de universidades.

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¿COMIENZA UNA REBELIÓN CONTRA LAS PANTOMIMAS?



Pello Salaburu: Carta enviada a las Rectoras y a los Rectores de las universidades públicas españolas

Pello Salaburu ha sido Rector de la Universidad del PaísVasco.

Estimado amigo:

Te envío esta carta preocupado por la situación en la que estamos dejando entre todos al sistema universitario español. Escribí hace unos días un artículo que apareció publicado en algunos periódicos del grupo Vocento (1). Recibí a continuación más de un centenar de cartas. Es lo que me ha llevado a ponerte esta nota.

Conozco por propia experiencia lo difícil que resulta a veces tomar decisiones en la soledad del despacho rectoral: terminé mi mandato como rector de la Universidad del País Vasco hace ya más de diez años, en aquellos años de plomo en Euskadi. Cuando dejé el cargo me hice a mí mismo el firme propósito de que jamás criticaría el trabajo de mis colegas en el futuro: soy de los que piensa que todos tenemos nuestro momento, lo hacemos bien o mal, pero cuando cerramos la puerta y decimos adiós, el momento deja de pertenecemos. Así que mi carta no es una carta de crítica.

Es, sin embargo, una carta de petición. De petición para que actúes, junto con tus compañeros, antes de que esto acabe en un desastre, como tiene toda la pinta. La idea de Bolonia fue magnífica, y muy necesaria, viendo en lo que nos estábamos convirtiendo. Pero la hemos destrozado, la estamos destrozando. Creo que entre el Ministerio y la ANECA, y la aquiescencia de la comunidad universitaria, fundamentalmente por el papel callado y sumiso que han adoptado los rectores, estamos dando al traste con algo que podía haber sido una oportunidad magnífica para articular el sistema desde fundamentos más sólidos. Pero hemos convertido Bolonia en burocracia, en papeleo, en pérdida de tiempo y energías y en un motivo de monumental enfado entre nuestros mejores profesores e investigadores. Todo esto va a acabar con el resto de ilusiones que pudieran quedar entre los académicos y terminará convirtiendo la universidad en algo esencialmente peor. Nadie en Europa hace nada parecido a lo que hacemos aquí: cualquier especialista que se haya tomado la molestia de estudiar un poco el tema te lo dirá. ¿Se imagina alguien a un responsable de una titulación en Cambridge rellenando formularios de competencias? Y pongo Cambridge porque nos insisten, una y otra vez, que tendamos a parecernos a las mejores, aunque hacen lo posible, de forma sistemática también, para alejarnos de ellas. Puedes poner ahí el nombre de cualquier universidad de cierto prestigio, de Europa o de fuera de Europa. En España la universidad se está manteniendo a pesar de nuestros responsables políticos, y no gracias a su ayuda. Estamos perdiendo todos demasiadas horas, lo sabes mejor que yo, con auténticas tonterías y soberanas estupideces que nos llevan al precipicio.

Por eso te pido que actúes. Y que actúes negándote a participar en este saínete, comunicando al ministerio que te niegas a rellenar más formularios y a participar en ese estercolero de competencias, porcentajes, justificaciones, sistemas de evaluación y remedos de programas que nadie va a cumplir, porque nadie tiene intención de hacerlo.

Que actúes solicitando al ministerio que nos deje ocupar esas horas, tan necesarias, en atender al estudiante, en trabajos académicos o investigando. Que no nos haga perder más el tiempo, los nervios y la paciencia con esquemas de comportamiento completamente ajenos a la buena tradición universitaria. Que actúes pidiéndole un cambio radical en esos absurdos sistemas de verificación previos (mucho más propios, por cierto, de regímenes totalitarios) sustituyéndolos por sistemas de evaluación posterior, con petición de responsabilidades, que es lo que se hace en el mundo.

Nos estamos cargando una buena oportunidad. Te pido que actúes, que te plantes, que digas “Hasta aquí hemos llegado” y manifiestes en público que el rey está desnudo. Te pido que actúes como lo que se supone que eres: un líder universitario, no una pieza más de un engranaje que hace tiempo está atascado.

Como algún día alguien se pregunte cómo fue posible que en la universidad española se cometieran tantas torpezas sin que casi ningún universitario dijera nada, espero que también encuentre nombres de personas que hicieron gala de poseer un poco de sentido común.

Muchas gracias por tu atención, y recibe un cordial saludo

Pello Salaburu

(1) http://www.diariovasco.com/v/20111004/opinion/articulos-opinion/cuando-rebelar-rectores-20111004.html

¿Y si la excelencia fuera solo una pantomima?


El rector de UJA “decepcionado” al no recibir Campus de Excelencia Internacional

Manuel Parras ha instado al Ministerio de Educación a no promover “pantomimas” de este tipo porque algunas Universidades ya sabían el resultado

21.10.11 – 18:27 –

EFE | JAÉN

El rector de la Universidad de Jaén (UJA), Manuel Parras, se ha mostrado este viernes “decepcionado”, al no haber alcanzado la calificación de Campus de Excelencia Internacional (CEI 2011) el proyecto “PatrimoniUN10”, que lidera la institución jienense junto con las diez universidades públicas andaluzas.

El Ministerio de Educación ofreció este viernes la resolución de la convocatoria Campus de Excelencia Internacional 2011, otorgando la calificación CEI a un total de tres agregaciones universitarias, entre las que no se encontraban el Proyecto “PatrimoniUN10”, mientras que otras seis han recibido la calificación Campus de Excelencia Internacional de ámbito regional europeo (CEIR).

Manuel Parras, que ha felicitado a las universidades que obtuvieron la calificación, ha asegurado no entender la resolución de la Comisión Internacional del Programa Campus de Excelencia, que promueve el Ministerio de Educación, ya que “hay ojos y oídos, y al finalizar la presentación del Proyecto “PatrimoniUN10″ recibimos muchísimas felicitaciones y nos auguraron otras universidades que iba a ser seleccionado de lo que había gustado”.

Asimismo, el rector Manuel Parras ha instado al Ministerio de Educación a no promover “pantomimas” de este tipo, en referencia al hecho de que alguna universidades participantes conocían anoche, de antemano, cuál iba a ser la resolución de la Comisión Internacional del Campus de Excelencia Internacional antes de que se reuniera esta mañana.

En este sentido, ha aconsejado al Ministerio de Educación que, en sucesivas convocatorias, “sea más riguroso” y dice no entender “cómo esta mañana había en la página web de una institución el resultado de una reunión que aún no se había celebrado”.

LOS PROFESORES HUECOS Y “EL FIN DEL CONOCIMIENTO”


José Carlos Bermejo Barrera: Los profesores huecos y “el fin del conocimiento”

Si tuviésemos que acuñar un lema que pueda describir a la sociedad española actual, podríamos pedir prestado a Chris Hedges el título del libro con el que ganó el Premio Pulitzer del año 2009: El imperio de la ilusión. El fin de la cultura y el triunfo del espectáculo (Hedges, 2009), puesto que las sociedades española y americana, que al fin y al cabo no son más que dos partes del complejo mundo del capitalismo global, son semejantes en muchos aspectos.

La sociedad española del año 2011 está fuertemente condicionada, en efecto, por la existencia de una auténtica red de desinformación construida por los grandes medios de comunicación, tal y como ha analizado Max Otte (Otte, 2010), que no necesitan necesariamente mentir de un modo palmario o dar noticias falsas, sino construir una estructura de la información en la que el mejor modo de ejercer el control es administrar las correspondientes dosis de silencio a todas aquellas noticias o personas cuya presencia o cuya existencia pudiese poner en peligro el discurso que se plasma en los medios de comunicación impresos, digitales o audiovisuales.

Esa estructura informativa se articula, según Hedges, en cinco ilusiones o apariencias: la apariencia de la cultura, la apariencia del amor, la apariencia del saber, la apariencia de la felicidad y la apariencia de la nación. Todas ellas se basan en la creación y difusión masiva de imágenes, eslóganes y patrones discursivos que tienen dos propósitos fundamentales: dar la sensación de que agotan el mundo y describen la realidad, y silenciar y apagar cualquier posibilidad de debate real, de discusión o de disidencia.

En el imperio de la ilusión, uno de cuyos elementos en España es el llamado “proceso de Bolonia”, al que C. Hedges llamaría la “ilusión de la sabiduría”, son fundamentales los componentes siguientes. En primer lugar, conquistar el control absoluto de los mecanismos de generación de la información en un mundo en que se supone que existe el libre mercado, y la libertad de opinión, expresión y prensa. En segundo lugar, acuñar eslóganes vacíos que parezcan esconder la clave más profunda del acceso a la realidad, pero que de hecho no son más que mera propaganda, diseñada por expertos en marketing, ya sea comercial, político o cultural. En tercer lugar, empobrecer el lenguaje mediante la reducción del vocabulario, la simplificación de las formas de razonamiento y la anulación de la capacidad de reflexión y diálogo. En cuarto lugar, crear un sistema de metáforas que permitan describir ese mundo de apariencias, y en esas metáforas en España desempeña un papel esencial el fútbol, cuya presencia en los medios de comunicación es desproporcionada, ya sea en el tiempo que ocupa en los informativos generales de radio o televisión, o en las páginas de la prensa no deportiva, y que se ha convertido en la forma básica del pensamiento de la que políticos e intelectuales extraen gran parte de sus símiles cuando pretenden explicar una verdad profunda. Y por último, crear un espacio cerrado de silencio, al que se condena a todas aquellas personas, acontecimientos y realidades cuya sola presencia pudiese poner en peligro el imperio de la ilusión, puesto que su mera existencia podría resultar hiriente, en tanto que no se pueda justificar, ni muchos menos explicar.

El imperio de la ilusión es el imperio de la superficialidad, y al servicio de ella se pueden poner increibles medios técnicos, informáticos, electrónicos o de otro tipo, cuya complejidad, perfección y eficacia se utilizan como coartada para señalar el interés y la profundidad de los mensajes, los conceptos y las palabras de estos discursos banales, siendo ambas cosas perfectamente compatibles.

En el imperio de la ilusión que en nuestro caso encarna el llamado “proceso de Bolonia”, se han dado una serie de transformaciones económicas e institucionales de la educación superior española que nadie sabría definir, pero que se ofrecen bajo una máscara de modernidad, renovación y transformación global. Y en él los mecanismos de desinformación están funcionando de un modo magistral, cumpliendo todos y cada uno de los parámetros anteriores.

En primer lugar se ha conseguido monopolizar los mecanismos de generación y difusión de la información dentro de un marco académico en el que se afirma que existen formas democráticas de gobierno y en el cual todos los profesores, alumnos y personal administrativo pueden expresarse libremente.

En segundo lugar se han creado lemas vacíos, necesarios para ocultar el verdadero propósito del llamado proceso, como son las ideas de la necesidad de ajustar las universidades a la demanda del mercado y la empresa, que por otra parte poco parecen necesitarlas; la idea de que toda reforma solo debe ser formal y no tener contenido, que se ha aplicado magistralmente en la elaboración y en los mecanismos de verificación y comprobación de grados, másteres y en los sistemas de evaluación del profesorado y de sus publicaciones, que siempre han de ser valoradas sin ser leídas ni discutidas, sino solo por el contexto externo, por el lugar en el que se sitúan.

En tercer lugar se ha empobrecido el uso del lenguaje y se han anulado la capacidad de pensar y de analizar con sentido crítico ningún aspecto de la realidad. En ese proceso está siendo parte fundamental el notorio desprecio por los libros, sean del tipo que sean, que muestran las autoridades académicas españolas, y que comparten muchos profesores y la mayoría de los alumnos (que al fin y al cabo son instruidos por sus maestros).

El desprecio por los libros se está plasmando en una política muy clara y cuantitativamente comprobable de empobrecimiento de las bibliotecas universitarias y sus adquisiciones, en la decadencia de la edición científica y universitaria en general, y en el descenso del préstamo de libros en las bibliotecas universitarias, registrable informáticamente. Los libros son despreciados por las autoridades académicas, los profesores y los alumnos, porque se dice de ellos que con ellos no se crea la ciencia, lo que se hace solo con los papers de las revistas de referencia. Se dice también que los científicos no escriben libros, lo que es cierto en España, pero no en otros países más desarrollados académicamente, como los EE.UU., Alemania, Inglaterra o Francia, países que controlan los mercados de la edición universitaria internacional. Y también se afirma que todo lo que se puede encontrar en los libros está ya en internet, razón por la cual los libros desaparecerán muy pronto.

Hay muchas cosas en internet: por ejemplo, el 50% de su contenido es pornografía, como señala Hedges (Hedges, 2009, pp. 55/ 87), lo que responde a una cierta demanda del mercado y cumple una función al servicio de la sociedad. En internet están las revistas científicas, que no se pueden consultar gratuitamente, sino a precios desorbitados impuestos por las tres multinacionales que controlan ese tipo de mercado, y en internet también hay miles y miles de libros. Un libro es un libro, ya esté grabado en piedra, arcilla, pergamino, papel o en un soporte electrónico. Un libro es un texto más o menos largo y complejo que exige un esfuerzo de lectura y comprensión, ya sea siguiendo un relato, un argumento, un discurso o una demostración matemática. El desprecio hacia los libros que se están implantando en España dentro del llamado “proceso de Bolonia” no puede ser un desprecio al papel impreso, sino que en realidad es un desprecio al pensamiento.

En el uso de internet, como han analizado Nicholas Carr y Franck Frommer (Carr, 2011; Frommer, 2011), se puede caer bajo el dominio de la superficialidad. Los programas informáticos facilitan la búsqueda de datos previamente registrados y detectables mediante programas de búsqueda (los no registrados ni detectables pasan simplemente a no existir), por lo cual quien controla el registro y el patrón de búsqueda controla y crea la realidad. En una búsqueda de datos de tipo x con un programa y, todos los usuarios acaban por hallar los mismos datos, razón por la cual intenet puede ser un instrumento esencial a la hora de uniformizar el pensamiento. Y es por eso por lo que los diseñadores del “proceso de Bolonia” admiran al Gran Hermano de internet.

Por otra parte internet, como señalan N. Carr y F. Frommer, privilegia la conectividad sobre el flujo lineal mediante el uso constante de links, cada vez más breves, más numerosos, que obligan a desplazar constantemente la atención y a abandonar la trama narrativa, discursiva o demostrativa, haciendo que el internauta pueda perderse por los caminos del bosque. Internet y todas las herramientas digitales existentes, cuyo diseño es el fruto del trabajo, el esfuerzo y la inteligencia, son eso, herramientas utilizables para un fin, mejor o peor, según la inteligencia y los conocimientos de quien las utilice. En España, por el contrario, y en el “proceso de Bolonia” en concreto, internet es la bandera bajo la que se está predicando el odio al pensamiento, a la inteligencia y al espítitu crítico, y bajo la que se pretenden uniformizar y someter a las comunidades académicas dentro de un común molde de mediocridad.

En el universo mental que se está implantando en España el complemento esencial de internet es el fútbol, que se ha convertido en la forma básica de la comunicación y en la forma más compleja de pensamiento. Y ello es así porque el fútbol exige la acumulación e interpretación personal de la información en un proceso continuo: la liga. Y para entender esa liga es necesario manejar múltiples variantes, partidos, combinaciones, fichajes, opciones posibles de futuro, estrategias, y manejar una memoria personal de conocimientos de otras ligas. Además, como el resultado de un partido no puede ser predicho ni es calculable, sino que en gran parte es fruto del azar, el análisis del fútbol no puede ser llevado a cabo a través de programas informáticos diseñados a base de algoritmos, sino gracias a la intuición e inteligencia personales, razón por la cual parece haberse convertido en España en el único campo en donde el pensamiendo personal puede desempeñar algún papel, aun dentro de un deporte de masas notoriamente alienante, y que puede servir como un mundo perfecto que cada fin de semana nos permite alejarnos de la realidad, para volver a aceptarla el lunes.

El fútbol proporciona a las autoridades académicas sus metáforas básicas: “fichajes de científicos”, “ligas” en la que se consigue un premio, en su caso la excelencia, “rankings” de revistas, de citas, “cracks” en las diferentes especialidades, premios, recompensas constantes y triunfos científicos, que son los equivalentes de las diferentes copas, “marcas” de universidad, similares a los nombres de los grandes de la liga… Y todo ello en un país en el que el deporte no desempeña ningún papel en la vida académica, al contrario que en EE.UU. (Bok, 2010; Ginsberg, 2011) donde el deporte universitario es fundamental en algunas ligas y constituye una parte de los ingresos de sus universidades. Sin embargo que secretari@os de Estado, ministr@s o rector@es muestren tal admiración por las metáforas deportivas no es en modo alguno contradictorio, a pesar de que no exista en España el deporte universitario de alta competición, porque también muestran una admiración absoluta por el mundo de la empresa, siendo todos ellos funcionarios públicos. Lo hacen porque se limitan a repetir el discurso dominante del imperio de la ilusión.

Por último, en el “proceso de Bolonia” se está administrando también magistralmente el silencio, gracias a la asfixia informativa, que se hizo posible por la total coincidencia de las ideas, los propósitos y las estrategias de la educación superior de los grandes partidos, PP y PSOE, y de los principales sindicatos que colaboraron en la construcción de un sistema que comienza a volverse en su contra al iniciarse un nueva etapa de crisis económica, pero del que han sido también sus grandes beneficiarios.

El silencio de Bolonia se aplica a los escasísimos profesores disidentes, a los movimientos estudiantiles, que pasan a ser considerados como amenazas para el orden público y a los que se ha asfixiado mediante la creación el día 31 de diciembre del año 2010 de un Consejo del estudiante universitario a nivel estatal, único y obligatorio órgano reconocido de diálogo estudiantil, que preside nada más ni nada menos que el ministr@ de Educación, y que ha sido aceptado sorprendentemente sin ningún tipo de resistencia por estudiantes y profesores. Y ese mismo silencio se quiere aplicar al pasar a considerar a los profesores que no quieren entrar en este sistema como “viejos”, “anticuados”, “incapaces de realizar el esfuerzo que Bolonia exige” y torpes porque no son capaces de entender que una gran reforma de la educación superior no debe tener contenido, sino solo forma, que los protocolos han de ser seguidos por todos porque son perfectos, como perfecto es el sistema – disfuncional, costoso, inútil y además basado en la doble moral que afirma que no pasa nada si no se cumple – en donde los nuevos profesores “jóvenes”, en edad o en “mente” si son quienes mandan y ya tienen sus años, se reconocen mutuamente en ese nuevo imperio de la felicidad académica, solo amenazable por el cierre del grifo del dinero público.

El discurso del “proceso de Bolonia” es un discurso vacío y que choca frontalmente con la realidad de las universidades españolas, públicas en su mayoría, que viven al margen del mercado y la sociedad, disfuncionales en su distribución, faltas de planificación e instrumentos al servicio de sus profesores. Pero es partiendo de ese mismo discurso como esas mismas universidades han ido cavando la fosa para sus ataúdes, cuando el discurso neoliberal que tanto admiran les sea aplicable en realidad, y cuando tengan que enfrentarse a la realidad de un mercado con cuatro millones de parados y a una sociedad y a un país por el que no hacen ya prácticamente nada, al haber relegado a un segundo plano su función docente.

El “proceso de Bolonia” ha tenido un propósito fundamental: sentar las bases para una reconversión radical de las universidades, gracias a la connivencia, a la torpeza y a la falta de dignidad académica de la mayor parte de sus profesores que lo han aceptado por inercia, por ignorancia y pensando, en algunos casos, que ellos iban a ser sus grandes beneficiarios. Veamos cómo.

Para comprender lo que está ocurriendo en las universidades españolas debemos tener en cuenta que en éstas se ha producido una gigantesca disonancia cognitiva, ya que se ha definido como transformación radical lo que no fue sino una espectacular vuelta atrás. Una vuelta atrás que ha consistido en crear unas universidades burocratizadas hasta la esclerosis, aisladas de la realidad, incapaces de analizarse a sí mismas, gracias a los patrones de medición que ellas mismas diseñan para impedirlo, y formadas por profesores sumisos, que aceptan sin crítica todo tipo de disciplina, que se están quedando al margen de la evolución real de sus verdaderos saberes, y que se ven cada vez más controlados y vapuleados por unas complejísimas tramas de control y gobierno que van siendo copadas por las únicas personas que pueden desenvolverse en ellas: los profesores que creen – y algunos de ellos con buena voluntad – en la uniformidad de los protocolos burocráticos e informáticos, que admiten que el pensamiento en sí mismo no tiene valor, sino solo lo que pueden ser sus signos externos, que toda disidencia es criticable, condenable, y cuando no reprimible, y que todo es perfecto en el imperio de la ilusión académica, siempre y cuando se siga recibiendo todo el dinero que se pide para estos fines prioritarios. Unos profesores cuyos cargos se incrementan desproporcionadamente, en el resto del mundo y en España, y que forman lo que Benjamin Ginsberg llama el mundo de los deanlets (“decanitos”) en la universidad omniadministrativa (Ginsberg, 2011), que concuerda con todas las características intelectuales, discursivas y normativas anteriormente señaladas.

La universidad española que va a nacer con el “proceso de Bolonia” no será un nueva universidad moderna, dinámica, actualizada en sus saberes, flexible y adaptada a las necesidades sociales y económicas de su entorno, sino por el contrario una universidad burocrática, rígida, aislada del mundo real, autocomplaciente, incapaz de analizarse a sí misma críticamente y dispuesta a aplastar progresivamente cualquier tipo de disidencia, mediante el silencio, o con medios disciplinarios, como los que se anuncian para los estudiantes como complemento del Real Decreto que crea el Consejo del estudiante universitario (BOE 31-XII-2010), cuya cara B será un nuevo reglamento de disciplina académica.

La nueva universidad española se va a parecer más al mundo de la Restauración borbónica de fines del siglo XIX y comienzos del XX que al de las universidades de investigación alemanas o anglosajonas, o al de las universidades del nuevo mercado capitalista (Slaughter y Rhoades, 2010; Newfield, 2003 y 2008), que se basan cada vez más en profesores precarios, unidos al proceso creciente de digitalización de los contenidos y al paso a la enseñanza virtual, que no necesita de profesores fijos con salarios elevados, sino solo de tutores.

Ello es así porque el “proceso de Bolonia” ha creado una nueva mentalidad académica en la que se exacerban todas las características de la mentalidad burocrática y que está consiguiendo crear unas nuevas élites académicas, no basadas en el saber, ni en la jerarquía del conocimiento, sino en su capacidad de manejar protocolos fijos y a la par de desarrollar un doble discurso mediante el cual su habilidad meramente cortesana que les permite moverse en un mundo cerrado, como es el mundo universitario, se convierte en el mecanismo básico de la generación y el reconocimiento de la distinción académica. Veámoslo punto por punto.

Sociológicamente considerados, los burócratas tienen las siguientes caracterísiticas: a) poseen la capacidad técnica de desarrollar un proceso pautado racionalmente en el campo de la administración y el gobierno; b) desarrollan sus funciones de un modo neutro y objetivo, sin atender a favoritismos ni filiaciones políticas, económicas o sociales de cualquier tipo; c) admiten, respetan y admiran la jerarquía y la autoridad, pues sin ella su labor sería imposible; d) desean promocionarse en la pirámide burócratica; e) de esa promoción derivan la mayor parte de sus ingresos; f) renuncian a analizar críticamente, o no son capaces de hacerlo, ni su situación personal ni el propio sistema del que forman parte y con cuyos valores se identifican plenamente; g) admiten y apoyan el castigo y la represión de los enemigos de ese sistema, sean exteriores o interiores (Merton, 2002; Mosca, 1939; Mills, 1957; Wittfogel, 1966).

En el caso de la universidad burocrática del “proceso de Bolonia”, cada una de estas características se configura de un modo parcialmente perverso, puesto que lo que se hace a un nivel se niega en otro. Veámoslo punto por punto:

a) Las autoridades académicas, los profesores y los funcionarios universitarios españoles se componen básicamente – al igual que ocurre en todos los grupos sociales, las organizaciones y las empresas – de tres grupos: una minoría muy reducida de personas que destacan por sus conocimientos, sus capacidades y su inteligencia, una mayoría de personas capaces y competentes en su trabajo, un trabajo que realizan con toda la honradez posible, y una minoría de personas poco capaces, que se mueven a veces en los límites no solo de la competencia, sino de la honradez.

En un sistema burocrático racional es el grupo intermedio la columna vertebral de cada institución. Ese grupo admira a aquellos que considera que encarnan en el mejor grado los valores de la institución y la profesión, y considera que esas personas o bien son las que deben gobernar en un sistema burocrático pirámidal, o por lo menos deben ser objeto de respeto y consideración intelectual. En el “proceso de Bolonia” se está produciendo una perversión de este principio porque las capacidades de gobierno y administración responden a un doble lógica: se alaba el mercado desde la universidad pública, se predica la movilidad laboral desde el empleo fijo y se desvirtúa el papel de las universidades, al relegar los valores de la docencia a favor de un discurso supuestamente a favor de una investigación para el mercado, cuando el mercado no la demanda, sumándose a ello posibles mecanismos de distorsión económica mediante la creación y configuración de redes de empresas dentro de la universidad, a la que, desde un discurso del servicio público se acepta poner al servicio de los intereses (legítimos en su campo, pero no en el de la universidad) de las empresas privadas.

Todo ello supone una pérdida de la racionalidad burocrática, que es gravísima desde el momento en el que se construye sobre la función pública todo un discurso falso, el imperio de la ilusión, que la hace caer en el descrédito, dentro y fuera de las propias instituciones. Como dijo en una ocasión una autoridad académica, que por respeto no citaré, “nuestras normativas son de obligado cumplo y miento”, lo que le hizo merecedor del calificativo de cínico por parte de un alumno asistente en un acto en el que se debatía algo tan esencial para el futuro de la educación como lo es el máster docente.

b) Partiendo de esto será fácil comprender que la duda de que los funcionarios universitarios desempeñan su labor de un modo neutro y objetivo extiende cada vez más su negra sombra. La opinión pública española y la opinión mayoritaria en el mundo académico asume que no hay neutralidad en la universidad, que hay una doble moral muchas veces, que se ponen muchas veces las instituciones al servicio de intereses ajenos a sus fines y que parece estarse generando un río revuelto que favorecerá las ganancias de algunos pescadores en los mecanismos de creación de plazas, de promoción, de captación de fondos de investigación, e incluso en la creación de centros y construcción de edificios.

Todo ello se se está haciendo dentro de los márgenes que la ley permite. Lo que ocurre es que mucha gente pasa a creer que la ley en España y en sus universidades se puede manejar, e incluso manipular por quien es más habíl. La administración pública, como ya no es neutral y objetiva, pasa a ser el dominio de los listos, que en la universidad pasarían a dejar en la sombra a los inteligentes y a los que saben, pervirtiendo así el sentido de la institución, al incumplir flagrantemente este segundo criterio.

c) Al pervertirse el sentido de la institución, desde el momento en el que pierde su neutralidad, su eficacia, no responde a sus fines y abandona el conjunto de valores que son consustanciales a la existencia de toda institución, se destruyen los criterios de jerarquía y autoridad. El ascenso en la escala del poder en la pirámide burocrática deja de obedecer a las reglas propiamente académicas y se convierte en un campo de juego para personas o grupos de personas que consideran, en la universidad al igual que en la política española, que basta con moverse para acumular votos, recursos y controlar determinados órganos y protocolos de control investigador, docente o de captación de fondos para copar el poder académico y utilizarlo, si así se desea, para la propia promoción académica, social, económica o política.

Todo ello trae consigo una crisis de autoridad y legitimidad en el marco institucional y el desarrollo de un proceso que se conoce en sociología como la anulación y extinción de las élites, previo al desmoronamiento de un sistema institucional que pierde su legitimidad.

d) y e) Si se produce un proceso de deslegitimación de la autoridad, y dado que todos los funcionarios desean promocionarse dentro de sus instituciones, porque de ello derivan su satisfacción y su reconocimiento profesionales y personales, así como una mejora de su ingresos, el conjunto de los miembros de una insitución pasan a pensar que cualquiera puede desempeñar los cargos y ejercer la autoridad y que en último término todo el mundo lo hace solo por su propio interés profesional o personal o simplemente para enriquecerse, con lo cual la sombra de la corrupción se extiende sobre toda la función pública, tal y como está ocurriendo en España.

Por supuesto que esta acusación es injusta, tanto para la función pública como en concreto para la universidad en general, puesto que sigue habiendo en ella un núcleo básico de personas competentes, trabajadoras y honradas, así como de personas que ocupan cargos intentando lograr el bien común y mejorar la situación de la institución. Pero es lo mismo, la crisis de legitimidad de una institución basada en la burocracia, y sobre todo la crisis de autoridad dentro de la misma, arrastra a la institución en su conjunto, a menos que desde su interior aquellos que representan la parte sana alcen su voz ante la opinión pública, denuncien sus males y pidan su reforma y la aplicación de los mecanismos correctores, que sin duda ya existen, pero no se aplican.

Como esto no está ocurriendo en la universidad, su crisis de legitimidad se hace evidente. Pero es que además se pretende corregirla no haciéndola volver a su lógica institucional específica, basada en la función docente, sino con una reconversión neoliberal cuyas consecuencias son imprevisibles porque las universidades españolas no pueden sobrevivir en el mercado libre y mucho menos en el mercado salvaje. Los responsables de ello serán quienes han llevado a sus universidades a la situación en la que están y quienes están dispuestos a ponerlas al servicio de una serie de empresas de las que ellos mismos esperan obtener recompensas a costa de sus propias instituciones, de sus compañeros y basándose en la perversión del principio de promoción burocrático-racional.

f) La inmensa mayoría de los profesores españoles han renunciado a denunciar lo que está pasando en sus universidades, ya sea por miedo, por comodidad, por indiferencia, por resignación o por cinismo, o lo que es lo mismo, porque a algunos de ellos en este sistema les va francamente bien.

En el año 2011 hay menos nivel de disconformidad en los profesores españoles que en los últimos años del franquismo, en los cuales el movimiento de los PNN (profesores no numerarios) llegó a ser bastante crítico con el sistema. Y ya no digamos entre los años 1978 y 2000, aproximadamente, en los que el nivel de debate, crítica y confrontación fue muy elevado.

Sin embargo, desde el primer gobierno de José Mª Aznar la situación cambió notoriamente con la introducción de un sistema basado en la evaluación y los pequeños incentivos que poco a poco fue generando la situación actual. Como la política universitaria del PP fue seguida por todos y cada uno de l@s ministr@s de Zapatero, la práctica totalidad de la izquierda española asumió el mismo discurso neoliberal en su versión doble sobre la universidad que provenía de la etapa anterior y silenció todo tipo de crítica en aras de la defensa del supuesto socialismo, que encarnaba el gobierno estatal, o de las políticas y los intereses de los partidos nacionalistas que compartieron también el mismo discurso y los mismos propósitos.

En ese discurso los términos genéricos y vacíos fueron la clave para ocultar la realidad. Así por ejemplo se habló de “proceso” en vez de reforma, de “espacio” en lugar de sistema, de “mercados” en lugar de intereses financieros, de “recursos humanos” o de “capital humano” en vez de profesores, de “clientes “ en lugar de alumnos, de “investigación” uniforme para todo y para todos en lugar de creación de conocimiento, de “docencia” en lugar de enseñanza, de “proyectos competitivos” en lugar de proyectos concedidos por redes de funcionarios evaluadores, de “innovación” uniforme y siempre tecnológica y a ser posible digital, por simplificación y estandartización de la enseñanza, etc.

Ese discurso, como el discurso neoliberal en la economía, apela a conceptos abstractos porque así consigue hacer creer que tienen valor científico y neutro, a pesar de que, en el campo de la economía por ejemplo, ninguno de sus modelos haya funcionado desde el inicio de la crisis financiera. Lo mismo ocurre en la universidad, pero en ella el hecho ha sido más grave, ya que se supone que los profesores universitarios, como científicos, buscan desinteresadamente el conocimiento, lo ponen al servicio de la comunidad científica de modo público y son siempre escépticos, críticos y están dispuestos a cambiar constantemente sus modelos, dejando de ser científicos y profesores cuando no lo hagan. Pero lo han hecho; y:

g) Han pasado a apoyar el telón de silencio en el que se han visto envueltas las universidades y ellos mismos, siendo cómplices y culpables del mismo por omisión. Los científicos españoles, los profesores españoles, muchos de ellos excelentes profesionales, están aceptando un sistema burocrático que premia la mediocridad, que se basa en un lenguaje vacío, que a veces ni siquiera se creen quienes lo enuncian. Ellos mismos aceptan ser controlados y estar sometidos por quienes en muchos casos ni siquiera poseen los mínimos méritos científicos reconocidos, como se puede ver en tantos y tantos curricula de ministr@s, secrertari@s de estado, rector@s y todo tipo de cargos académicos. Aceptan las descalificaciones de quienes solo saben pronunciar palabras y lemas vacíos, de quienes son incapaces de argumentar, de hablar en público con corrección en muchos casos, razón por la cual huyen del debate e intentan siempre exponer su discurso en actos oficiales en los que solo ellos pueden hacer uso de la palabra.

Los científicos y profesores españoles en la inmensa mayoría de los casos asisten impertérritos, cuando no comparten, los lemas de quienes hablan del mercado sin entender el abc de la economía, de quienes creen que el uso de herramientas informáticas (en el que les podrían impartir un máster la mayoría de los adolescentes españoles) ha de ser la mayor aspiración de los profesores que progresivamente dejan de conocer sus materias, ya que desprecian los libros, la lectura y el auténtico trabajo intelectual.

Los científicos y profesores españoles en muchos casos ya no buscan el conocimiento sino solo publicar lo que se pide, y en la forma como se pide en las revistas que ellos controlan o en las que ellos publican. Y por ello gran parte de los científicos y profesores españoles están siendo corresponsables de ese proceso de extinción de las elites académicas, de promoción en algunos casos de mediocres a altos cargos, desde los cuales lo único que saben hacer es expresar su admiración por el dinero bajo el discurso del emprendimiento, y por el poder político bajo el discurso del interés social. Y desde los que están sentando las bases para una futura reconversión de la universidad de la que algunos de ellos esperan salvarse como las famosas ratas del dicho que abandonan siempre el barco justo antes del naufragio.

Referencias bibliográficas

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Ginsberg, B. (2011), The Fall of the Faculty. The Rise of the All-Administrative University and Why it Matters, Oxford, Oxford University Press.

Hedges, C. (2009), Empire of Illusion. The End of Literacy and the Triumph of Spectacle, Nueva York, Nation Books.

Merton, R.K. (42002), Teoría y estructura sociales, México, FCE (según la ed. de 1968).

Mills, C.W. (1957), La élite del poder, México, FCE (Nueva York, 1956).

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Wittfogel, K.A. (1966), Despotismo oriental. Estudio comparativo del poder totalitario, Madrid, Ediciones Guadarrama (New Haven, 1963).

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