OTRA VISIÓN SOBRE LA NUEVA LEY DE LA CIENCIA.


Un fiasco: la Ley de la Ciencia.

José Carlos Bermejo Barrera.

La Ley de la Ciencia que se está tramitando es otro fruto más de la confusión ideológica y política en las que se mueven las universidades, los partidos políticos y el gobierno de España. Habría que destacar en primer lugar que no tiene mucho sentido elaborar una ley sobre la ciencia, cuando es ya una opinión ampliamente compartida que no es posible definir qué es esa cosa llamada ciencia, si por ciencia se entienden materias tan dispares como el álgebra, la química orgánica, la física teórica y la filología griega, todos ellos, eso sí, campos de conocimiento bien definidos y académicamente regulados.

Si entendemos que ciencia es sinónimo de conocimiento sin más, estaría claro que a nadie se le ocurriría elaborar una ley general del conocimiento, del mismo modo que no puede redactarse una ley sobre el mundo, la materia, ni sobre el amor y la felicidad. Sin embargo, dado que nuestros legisladores son por lo general personas competentes en el manejo de la técnica jurídica – aunque su nivel de competencia parezca ser, a veces, decreciente en proporción geométrica-, está muy claro que lo que el legislador quiere regular en este texto normativo no es el conocimiento, sino aquel conjunto de conocimientos que puedan permitir el desarrollo de unas técnicas aplicables en el campo de la producción de bienes para el mercado, con lo cual la mayor parte de los saberes académicos deberían quedar excluidos de esta nueva ley.

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¿Qué hay de los Contratados con cargo a Proyecto de Investigación?


Un Contratado con cargo a Proyeco de Investigación
23-03-07

Les escribo, en principio y sobre todo, porque sinceramente me he quedado muy sorprendido al haber recibido publicidad electoral a mi nombre. Sorprendido por figurar en alguno de los listados de la Universidad de Córdoba, ya que los “Contratados con cargo a proyecto de investigación” (como es mi caso) permanecemos invisibles, sobre todo cuando de beneficios se trata. Sorprendido por requerirnos el voto (¡tenemos derecho a voto!… pero solo a eso). Sorprendido por requerirnos el voto…¡a nosotros!; por qué habría de votar a nadie: he leído su tríptico (“..un sindicato histórico..”, “…un sindicato de vocación negociadora…”, ¡”…defiende la especial relevancia del papel de los docentes e investigadores universitarios en la enseñanza de nuestro tiempo…”!), históricamente, ¿dónde está la vocación negociadora con la que se defiende la especial relevancia del papel de los investigadores universitarios en la enseñanza de nuestro tiempo?

En la Universidad de Córdoba (y en el resto de las universidades españolas), existe un grupo de personas nada despreciable que nos dedicamos a la investigación en igual, o me arriesgaría a decir que en muchos casos en mayor, medida que el resto de personal docente/investigador funcionario o contratado. Personas que no figuramos, que no pertenecemos a ningún colectivo, que no se nos considera investigadores y que en algunos casos (becarios con cargo a proyecto) ni siquiera realizan un “trabajo”. Personas con una carrera universitaria, años de experiencia investigadora, congresos, masters, artículos,… Personas con malas condiciones laborales, sueldos paupérrimos y que disfrutan de una inestabilidad laboral a pesar de llevar en algunos casos bastantes años de multitud de contratos de corta duración encadenados.

Dígannos entonces, ¿por qué habríamos de votarles?

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